Visor de contenido web

La Batalla de Andoain

Historia de Andoain Escudo de Andoain Personajes históricos Imagenes

 


Juan Luis Landa


 

Cuando todavía las luces del alba no alcanzaban a señalar el amanecer del 14 de septiembre de 1837, cerca de quinientos hombres, todos ellos txapeltxuris y txapelurdiñas carlistas, cruzaban a través del pequeño puerto de Arrikarte en Urnieta desde la zona de Oria y descendían hacia Andoain, con ánimo de atacar al ejército liberal. El general O’Donell, que comandaba este último, permanecía a la espera de la incursión, por lo que envió un importante contingente a repeler la misma. Pero, al mismo tiempo, el general carlista Uranga jugó su segunda baza y lanzó sobre las seis de la mañana en el otro extremo del municipio, en el lugar conocido como Unanibia en Leitzaran, un contingente de mil txapeltxuris y txapelurdiñas, mientras intensificaban su ataque artillero desde Sorabilla. Comenzaba así la mañana del 14 de septiembre de 1837 una terrible batalla, cuyo balance fue de entre 600 y 800 hombres muertos en el casco urbano de Andoain y sus alrededores, y que es conocida en los anales de la I Guerra Carlista como la Batalla de Andoain

Las tropas del aspirante al trono Carlos V (carlistas) alcanzaban ese día en Andoain los 3.500 efectivos, mientras los partidarios de la Reina Isabel II (y de la Reina madre María Cristina, regente entonces) superaban la cifra de los 7.000 hombres, muchos de ellos miembros de la Brigada Británica, llegados a San Sebastián desde el Reino Unido por la causa de Isabel II. Inesperadamente, el general O’Donell, por causas desconocidas, reemplazó los efectivos del Regimiento Gerona –que habían combatido con ardor en Unanibia– por los del Regimiento de La Infanta, muchachos lampiños que, ante una segunda embestida carlista en Unanibia, huyeron despavoridos hasta llegar a Hernani, abandonando incluso sus armas

Argazkiak: Maddi Trutxuelo


 

Entre tanto, según avanzaba la mañana, los carlistas iniciaron su ataque final, ahora en el corazón mismo de Andoain, en el puente de Santa Cruz. Pero tan pronto comenzó la escaramuza, los fusileros irlandeses y escoceses que lo defendían se percataron de que a sus espaldas los soldados del Regimiento de La Infanta llegaban huyendo hacia el palacio Leizaur, y, al comprobar este hecho, cundió primero la incertidumbre y el pánico después, no siendo capaces de frenar la entusiasta embestida de los txapeltxuris y txapelurdiñas carlistas, que avanzaron hacia la Calle Mayor, dejando un reguero de muertos...

La desbandada liberal continuó Kaletxiki abajo hacia Urnieta y Hernani con las bayonetas carlistas en el cogote... No obstante, algunos efectivos liberales, precisamente los irlandeses y escoceses que habían custodiado el puente de Santa Cruz, buscaron refugio en la Iglesia de San Martín de Tours, creyéndose a salvo de los carlistas y de la enfurecida muchedumbre en lugar sagrado

Pero su intento de salvarse resultó inútil…

Las coplas del pueblo

El siglo XIX, algún bertsolari de la época relató lo sucedido el 14 de septiembre de 1837 a través de estos versos. Nosotros, los hemos tomado del libro de Antonio Zavala Karlisten leenengo gerrateko bertsoak (Auspoaren Sail Nagusia, 4; 1992; págs. 257-274)